Meditación
Queridísimo y bien amado Hermano en Cristo Jesús: Yo, Catalina, sierva y esclava de servidores de Jesucristo, le escribo en su preciosa Sangre, con el deseo de verlo un señor justo en el ejercicio del poder que le es confiado. (…)
Debemos ser justos y guardar con justicia la ciudad de nuestra alma, viviendo en el verdadero y santo temor de Dios. Tenemos que amar la virtud y detestar el vicio y de esta forma, apreciaremos la Sangre de Jesús crucificado. La verdadera y santa justicia brillará entonces en usted, será un señor justo y bueno para su alma y para su prójimo. Por eso le he dicho que deseaba verlo como un señor justo, para que mantenga el derecho y la justicia en el cargo que tiene, viviendo con justicia.
Queridísimo Hermano, no siga durmiendo, sacúdase del sueño con celo. Retornemos hacia nosotros, no esperemos otro tiempo ya que el tiempo no espera más: el tiempo va más rápido de lo que imaginamos. Quisiera que saliéramos de nuestra posición y rompiéramos los lazos que nos atan, ya que lo que está atado no puede avanzar. Es necesario que avancemos en el camino de la virtud, siguiendo la doctrina de Jesús crucificado, que es el Camino, la Verdad y la Vida. El que lo sigue no marcha en las tinieblas sino en la luz. Tenemos entonces que caminar en este camino, bueno y recto.




